Elogio del guionista | Gran Imaginador

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ECU – VIDEO PIXELS
Five Young women stand side by side, waiting to be judged – breathless, hopeful. A name is announced. Four hearts break.
The camera ZOOMS across the smiles of the losers to find a winner. She bursts into tears, hug the nearest runner up.
Begin CREDITS.
MUSIC – quiet and melancholy – plays over all de opening scenes, leading to the Title card.
The Contest Winner cries and hugs the Runners-up as she has the tiara pinned on her head. Then – carrying her bouquet –  she strolls down the runway, waving and blowing kisses.
INT. BASEMENT REC ROOM – DAY
A six-year-old girl sits watching the shoe intently.
This is OLIVE. She is big for her age and slightly plump.
She has frizzy hair and wears black-rimmed glasses. She studies the show very earnestly.
Then, using a remote, she FREEZES the image.
Absently, she holds up one hand and mimics the waving style of Miss America. She REWINDS the tape and starts all over.
Again, Miss America hears her name announced, and once again break down in tears – overwhelmed and triumphant.

RICHARD (V.O.)

There’s two kinds of people
in this world – Winners… and Losers.

Michael Arndt escribía en el año 2000 el guion de Pequeña Miss Sunshine y, tras infinidad de reescrituras y cambios, la película llegaba a las pantallas en 2006 bajo la dirección de Jonathan DaytonValerie Faris. Tras la imagen de comedia buenrollista un tanto infantil, se encuentra una obra maestra que se analiza desde la parte sociológica en los institutos y, claro está, en todas las escuelas de guion del mundo. Entre otros trabajos, en la carrera de Arndt también destaca la más que destacable Toy Story 3. Pero, ¿quién conoce a Michael Arndt?

El fragmento que da comienzo a este artículo es también el inicio del guion de la citada Pequeña Miss Sunshine que después fue trasladado, prácticamente sin ningún cambio, a la pantalla. En dos escenas, sin apenas ocupar una página, el guionista consigue introducir al 100% la película. Conoces a la niña que hará que la historia se mueva y conoces el contexto. Con un par más de pinceladas conoceremos a toda la familia: el abuelo escondido en el baño, el hijo haciendo ejercicio bajo una imagen de Nietzsche… En otras películas para dar toda esta información se podría necesitar media hora. Pero, ¿quién conoce a Michael Arndt?

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Saldrá el listo que dirá que le conoce perfectamente. Si eres tú esa persona, me dirijo a ti exclusivamente: este artículo no está dirigido a ti, vuelve a tu cueva, friki. Antes de proseguir con mi argumentación, es mi obligación reconocer algo. Soy un intento de guionista frustrado incluso antes de intentarlo, es por ello que mi admiración por esos escritores de imágenes puede estar sobredimensionada y hacer que no vea la realidad tal y como es.

Dicho esto vamos a mojarnos un poco. Es muy bonito eso de decir que la película no es de uno sólo, que la película es un conjunto en la que todos los engranajes deben funcionar a la perfección para que la música que suene sea un placer para los oídos. Esto es lo típico que se dice al recibir un premio pero la realidad es que en el imaginario de las personas las películas están asociadas a su director. ¿Es esto justo?

Ya lo digo yo: NO. Echando un vistazo a los premios cinematográficos se pueden sacar algunas pequeñas conclusiones. En los premios Oscar de lo que llevamos de siglo podemos observar que en once ocasiones la mejor película ha coincidido con el mejor director. No a mucha distancia, pero por encima, encontramos las veces que se ha reconocido a la película y el guion (ya sea original o adaptado). En trece ocasiones de las 17 entregas de premios, la mejor película se ha llevado también el mejor guion (American Beauty, Una mente maravillosa, El retorno del rey, Crash, Infiltrados, No es país para viejos, Slumdog Millionaire, En tierra hostil, El discurso del rey, Argo, 12 años de esclavitud, Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia) y Spotlight). Solamente The Artist, Million Dollar Baby, Chicago y Gladiator no consiguieron esta doble distinción.

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Además, si miramos los últimos cinco años, en cuatro ocasiones ha coincidido mejor película y guion, por las dos ocasiones en las que mejor película y dirección han ido a parar a la misma producción. En España, la tradición de los Goya parece ser otorgar estos tres premios a la misma cinta. Todavía menos conclusiones se pueden sacar en este caso, aunque sí es cierto que en los últimos cinco años siempre ha coincidido mejor película y mejor guion. La mejor dirección no ha conseguido el pleno ya que en 2013 Bayona le arrebató el premio a Pablo Berger por Blancanieves.

Lo reconozco. Admito que estos argumentos son algo débiles pero apuntan a una dirección. Lo que marca la diferencia para crear una buena película es una buena historia, y las historias son en gran parte responsabilidad de los guionistas. No estaría de más tener un respeto mayor por su trabajo. Pequeños detalles como entregar, cada vez que hablamos o escribimos, la propiedad de una película a su director no favorecen nada a una profesión denostada pero valiosísima. Desde aquí mismo, en Gran Imaginador, incluyéndome a mí mismo, llevamos a cabo esta práctica.

Que uno de los mejores guiones de la historia como es el de Chinatown haya acabado siendo una película «de Roman Polanski» es demencial. Sí, Chinatown es de Roman Polanski pero también lo es de Robert Towne. O podemos hablar una de las obras maestras del cine negro como es El tercer hombre, una película que se le reconoce a su director Carol Reed e incluso a Orson Welles por el mito de que tuvo mucha influencia en la toma de decisiones. Pero, señoras y señores, Graham Greene escribió la novela en la que se basa la historia y, después, fue el autor del guion.

Sin perdón es de Clint Eastwood como lo es de David Webb Peoples. American Beauty es de Sam Mendes como lo es de Alan Ball. Taxi Driver es de Martin Scorsese como lo es de Paul Schrader. La lista de Schlinder o E.T. son de Steven Spielberg como lo son de Steven Zaillian y Melissa Mathison respectivamente. La princesa prometida es de Rob Reiner como lo es de William Goldman. Centauros del desierto es de John Ford como lo es de Frank S. Nugent. 21 gramos es de Alejandro González Iñárritu como lo es de Guillermo Arriaga. El orfanato, Lo imposible y Un monstruo viene a verme son de Juan Antonio Bayona como lo son de Sergio Gutiérrez Sánchez las dos primeras y de Patrick Ness la última.

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Estaría bien que entre todos acabáramos con esa idea de que los guionistas son el mal necesario. Hace unos días saltaba la noticia de los dos guionistas perdidos de la serie de TVE Reinas dirigida por José Luis Moreno. El sindicato de guionistas ALMA sacaba a la luz la portada del guion del piloto de la serie en la que aparecían como guionistas José Luis Moreno y Javier Muñoz acompañados por Harold Foster y Susan Bendrived. Estos dos últimos no aparecen en los créditos de la serie y no hay ni rastro de ellos en Internet. Sólo se ha encontrado un Harold Foster en IMDb pero desgraciadamente murió en 1982. Puede que no sea nada, que sea un simple fallo o un intento de inflar los gastos, pero la realidad es que es un nuevo insulto al oficio de guionista.

Es cierto que en España no hay cultura de guionista cinematográfico. Para ser respetado como autores, los cineastas parece que tienen que ser responsables del guion y la dirección, y si se encargan ellos de pintar las paredes del estudio, mejor. Y, si eres capaz de escribir algo realmente magistral, tampoco te lo creas mucho. Si no, que se lo digan a Pedro Almodóvar que se hizo con el Oscar a mejor guion original pero no pudo arrebatarle el Goya a En la ciudad sin límites.

Trabajar un plano, conseguir una luz perfecta, dar vida a un personaje, elaborar un vestuario adecuado al contexto y a la personalidad de los personajes, organizar un rodaje, reescribir una película en la sala de montaje, enfrentarte a una página en blanco… Todos son trabajos extremadamente complejos y realmente importantes. Cada uno que defienda su oficio, yo hoy he venido a hacer lo propio con el que me pilla más cerca aunque esté muy lejos. Si alguno de vosotros, la próxima vez que veáis una película, os fijáis en quién la ha escrito, consideraré este artículo como todo un éxito.

hable con ella

35 PAISAJE                             Exterior / LUZ INTEMPORAL


El mismo paisaje del comienzo del film. El único signo de vida es un masa negra que bulle en lo que era tierra de nadie. Poco a poco se identifica el fenómeno: son buitres.
De pronto, alzan el vuelo.
Abajo quedan, mondos y lirondos, los huesos de la vaca.

 FIN

(La vaquilla / Rafael Azcona y Luis García Berlanga)

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