Vida y muerte de las estrellas | Gran Imaginador

estrellas

Quien piensa demasiado,

 vive demasiado poco

 

I

Tú querías que te sacara a hombros por la puerta grande del amor. Yo quería calor tras un largo camino entre el hielo. Todo era perfecto. A su manera. Yo me entregaba a la vida con tu vida. Tú robabas años al reloj con mis manos. Pero pasó el tiempo.

Yo quería algo más. Quería vivir todo el día. Tú no decías que no quisieras. Y todo cambió.

No era perfecto. Menos por menos es más, pero nunca nos supimos multiplicar. Tu última multiplicación te había dejado en negativo y yo estaba cansado de hacer cuentas con los dedos. Nunca quise ser perfecto. Tampoco tú quisiste que lo fuera. ¿No fue eso? Eso fue lo que te atrajo de mí.

Fuimos felices. A pesar de todo fuimos felices. No todo pudo durar y los cambios nos cambiaron. Pero fuimos felices. Corría el reloj, corrían las horas y nosotros no corríamos. Permanecíamos quietos el mayor tiempo posible. Era nuestro entretenimiento favorito. Quietos, sin moverse. La vida era hermosa en la inmensidad de nuestro estatismo. Tú necesitabas alguien que te acogiera y yo necesitaba sentirme lleno. Mis brazos fueron mi alma, mis brazos fueron tu hogar.

Nadie entendía que estuvieras conmigo. ¿Quién puede comprender lo ininteligible? Quizás lo sepas tú. Dime, ¿lo sabes? Menos entendían nuestro modo de estar. Querían movimiento y nos movimos. Nuestra vida se tuvo que mover, y la mitad se fue a cada lado.

Y palabras van y palabras vienen. Y frases hechas volaban en la inmensidad de las cartas olvidadas en un cajón. En la edad del e-mail, las cartas querían significar algo, pero no dejaban de ser carne de reciclaje. Y oraciones olvidadas sin haber sido acabadas.

Citas improvisadas. «En 10 minutos en la luna». «Yo no sé ir a la luna». «Te paso a buscar y te llevo». Y te enseñé. Pero jamás entendiste la metáfora y mi luna resultó ser pequeña para ti. Jamás volviste y yo allí me quedé esperando.

Yo viví. Viví lo que pude. Quise encontrar estrellas, pero todas eran fugaces. Intenté entregar mi vida al momento, pero sólo me quedaba media. ¿Qué hiciste? Nunca me lo dijiste. Me contaste palabras, pero nunca supe tu recorrido. Ya no eras tú.

II

No. No.

No se puede venir con esas ahora. Ponerlo todo bonito. Enseñar un paraíso idílico donde cayó un meteorito que destruyó todo. Sé que es fácil caer en ello. Es más fácil vivir así que vivir sabiendo la verdad.

Y sí, lo reconozco, fue bonito. Tus brazos fueron un buen lugar acolchado donde pasar mis días. Lo fueron, pero poco a poco dejaron de serlo. Al final tuve que ir a todos los sitios con almohada y seguía siendo incómodo.

Quédate con lo que quieras. Oculta el dolor bajo capas de insensibilidad emocional. Piensa que tú no tuviste nada que ver, ni yo, que sólo fueron los efectos del tiempo; que nacimos con fecha de caducidad. Si te es más fácil, hazlo así. A mí ya me da igual.

De verdad te lo digo, ya no me preocupa. El tiempo borra las heridas y el recuerdo se va enterrando bajo nuestra nueva vida. No es malo, no pienses que es malo porque no lo es. No te dan un premio por pasar toda tu vida junto a una persona a la que amas, pero amar es ya en sí un trofeo. El verdadero premio es llegar al último de tus días y ver la estantería llena.

Tu melancolía no es más que un deseo interior de llamar la atención. Parecerte a los protagonistas de tus libros y películas favoritas. Vagar por el mundo cuando tú eres capaz de mucho más. Los tristes no llegan a ningún lado. Me fijé en ti por tu alegría. Porque bailabas, reías y saltabas a todas horas. Porque cuando yo me hundía, me contagiabas toda tu alegría sólo con una mirada.

Pero no debo animarte a vivir alegremente. Es una decisión tuya. Haz lo que quieras. Yo ya no pinto nada. Yo desparecí hace ya mucho tiempo, y soy feliz.

III

Desapareciste, es verdad. De un momento a otro te habías marchado. No pude hacer nada y eso es lo que más me dolió.

La gente se consuela sabiendo que hizo todo lo que podía hacer, pero yo nunca tuve ese consuelo. No pude hacer nada. No me dejaste hacer nada. Sabes que lo habría intentado todo, que habría cambiado completamente el guion de nuestras vidas. De nuestra vida. Lo sabías pero no quisiste darme esa oportunidad.

Te odié, te odié por ello como no he odiado nunca. Maldije el día en el que te conocí. Sentí que había gastado tiempo y cariño en alguien que no lo merecía. Si te soy sincero, todavía a veces lo pienso.

Nunca conseguiste desaparecer del todo de mi vida. Todavía, a día de hoy, sigues presente. Pero no creo que sea por la importancia de lo que tuvimos. Creo que, aunque digas lo contrario, yo tampoco he desaparecido de tu vida. A veces pienso que el amor es como las estrellas: aunque muera, permanece brillando durante muchos años, incluso durante toda una vida.

IV

Tienes esa capacidad para hacer todo bonito. Pero porque algo sea bonito, no significa que sea verdad.

¿Por qué no afrontas la vida a la cara? ¿Por qué te escondes en metáforas  vacías y en sueños ilusorios? Es tan fácil enamorarse de ti, pero conlleva tantas cosas.

Sal de ese universo que te has creado, sal al mundo real. Al principio puede asustar, pero te acabas acostumbrando y termina por resultar mucho más placentero. No puedes pedir a la gente que entre en tu universo, eres tú el que debes salir.

La vida está llena de decisiones y no se pueden dejar pasar y esperar a que nos envíen el resultado por correo. Hay que actuar sin temor a equivocarse. Puede que yo me haya equivocado. Puede que no haya acertado en mi vida con una decisión. Pero he hecho lo que yo he deseado y soy la persona que soy por ello.  Y estoy orgullosa.

Tú tuviste la oportunidad de decidir. Tenías que elegir entre dos y se te pasó el tiempo. Hay que afrontar las cosas. Ser activo. Ser capaz de mover tu mundo sin esperar a que nadie lo haga por ti.

Yo decidí olvidarte. Decidí iniciar una vida nueva, una vida de verdad que no dependiera de tus antojos. Y te olvidé. Y no sé si tu luz sigue brillando en mi vida, o lo que sea que quieras decir. Si tu luz sigue brillando, debe ser que hace mucho que no miro al cielo.

V

No sé. Puede que sí fuera por su culpa. Aunque no creo que ‘culpa’ sea la palabra adecuada. Al fin y al cabo, fue algo bonito, algo que todavía recuerdo con cariño y que desearía que hubiese acabado de mejor manera. Ella era algo distinto; no era ni mejor ni peor, era distinta. Y me cautivó. Nos cautivamos, no puedo decir más. Fue un instante, nada más. ¿Cómo puede pasar tanto en tan poco?

Ella era libre; era extraña y exótica. Era todo lo que tú no eras, o lo que pudiste llegar a ser y te dejaste por el camino. Yo quería a alguien que me empujara de cabeza a los brazos de la improvisación, y tú ya sólo me ofrecías tilas aunque hubiera marea baja. «Anhelo esa libertad que tú nunca me das, que me sopla ella con sus aires de nunca jamás» escribí enamorado en mi diario, que empecé y acabé ese mismo día. Puede que fuera una especie de justificación conmigo mismo, pero no funcionó.

Jamás conseguí justificarme y la pasión quedó sepultada por toda la consciencia. Tú no me querías, pero yo no podía fallarte. Cuando echo la vista atrás me arrepiento de lo que hizo esa persona que ya no soy, y desearía poder volver a ese momento y haberme lanzado sin mirar lo que me esperaba debajo.

«Ámame», me decía. «Te amo», le decía yo. Y no mentía, de verdad la amaba mientras la observaba callado intentando descifrar el porqué de aquella atracción ilógica con el espacio y el tiempo. ¿Qué tendría que me hacía pensar que llevaba toda la vida buscándola? Todavía no lo sé, y todavía tengo esa misma sensación.

Pero el tiempo pasó, y cuando fui a buscarla las ataduras habían cruzado la frontera. No lo pude comprender, aunque fuese lo mismo que ella sintió un tiempo atrás. Yo me hundí. Reconozco que me hundí y que lloré por las esquinas maldiciendo al dios que estaba jugando con nosotros. Sé que esto nunca lo hice por ti y entiendo que te puedas sentir molesta. Pero, entiéndelo. La razón nunca se llevó muy bien con el amor.

Pensé mucho en todo lo que podía hacer por revertir la situación pero nunca hice nada. Mis pensamientos llevaron a muchos sitios pero no me llegué a sentir cómodo en ninguno. No pude evitar pensar desde el primer instante que era algo que siempre pertenecería al pasado. Desde aquel momento nunca vi un futuro que pudiéramos compartir. A pesar de ello, había algo que no podía dejar de desear y que terminó por volverme loco.

Estoy seguro de que era preciosa, aunque no alcanzo a recordarla. Me lo he planteado mil veces y es posible que sea así. Nuestro encuentro fue tan fugaz que todo se magnificó a dimensiones incontroladas. De hecho, ni la conozco. No sé cómo es, qué piensa, qué le gusta, cuál es su cara cuando tiene sueño por las noches y con qué cara de dormida se levanta por las mañanas. No sé ni siquiera como le brillan los ojos con la luz de media mañana. Sólo conozco los destellos dorados de su piel al atardecer. Pero, me basta y me sobra.

Todavía sueño con sus labios, puedo ahora cerrar los ojos y verlos. No son los suyos, pero llevo tanto tiempo asociándolos que si viera los suyos verdaderos me resultarían extraños.

VI

Da tantas vueltas la vida. Tantas veces he sentido que todo volvía a empezar y, a pesar de eso, cuando algo sale mal siento que no tiene salida y que todo se acaba.

Es complejo. La verdad, no sé si es complejo o lo hacemos nosotros más difícil de lo que es. Ya está. No estamos hechos el uno para el otro. Si mi subconsciente me lleva a pensar en el concepto de la media naranja, está claro que no compartimos árbol frutal. Pero, ¿qué más da todo eso? Al fin y al cabo, son pensamientos mecánicos. Palabras.

Simplemente hemos crecido en una sociedad que rechaza todo lo anterior. Se necesita ser independiente, se necesita viajar, se necesita conocer a millones de personas. El amor no existe, simplemente existen personas que se reúnen para hacer frente a sus necesidades. Pero no hablamos sólo de necesidades sexuales; hablamos de la necesidad de ser necesitado, de la necesidad de cuidar de alguien o de ser cuidado. Del miedo a estar solos.

¿Por qué no puedo ser un bicho raro? ¿Por qué no puedo compartir mis días con una persona simplemente porque la quiero? ¿Por qué tengo que esconder mis sentimientos? Debo decir: «Lo pasamos bien». ¿Qué es eso? ¿De verdad eso es normal? ¿Soy yo el estúpido?

Son sentimientos, simplemente es eso. Pero los sentimientos sólo son válidos cuando vas a ver un partido de fútbol. Yo lo intento, de verdad que lo intento. Intento racionalizar todo, u optar por la segunda vía y evitar que algo me importe. Pero todo eso es una mentira. Quien afirma que no le importan las cosas, que él está por encima de todo es un imbécil y, encima, lo sabe.

Pero más pena me dan los que buscan una solución lógica e intelectual a todo. Ellos no se engañan diciéndose que son lo más importante, de verdad ellos se lo creen. Los hay que se dicen: «Debo pensar en lo que me conviene». O: «Quiero, pero no debo». Los que priman lo que piensan sobre lo que sienten jamás podrán sentirse vivos, sólo sabrán que lo están.

Pero da igual lo que diga yo. Al fin y al cabo, no soy más que un bicho raro.

VII

Me resulta hasta cómico ver a una persona hablando de la maldad del pensar cuando sigue dando vueltas a algo que pasó hace tanto tiempo.

Te contradices y te vuelves a contradecir. Quieres poder hacer lo que quieras pero las personas que piensan son imbéciles. Puede que realmente sea eso lo que les gusta hacer. Yo sólo veo odio en tus palabras. No sé si es una especie de ataque hacia mi persona. Sinceramente me da igual.

Y no es que finja que me da igual, es que realmente me lo da. Me da igual porque lo he superado, porque no me dedico a coleccionar fracasos sino a intentar cubrirlos con éxitos. Tú lo has dicho; no estábamos hechos el uno para el otro, no hay que darle más vueltas.

Mucho tiempo tardé yo en quitarme las ganas de dar marcha atrás y volver a tu lado. Pero no me podía engañar de esa manera. No fuimos felices; ni tú ni yo. Sí, hubo momentos buenos. Hubo momentos geniales. Pero si vuelvo la vista atrás siento que no fui feliz, que yo merecía otra cosa, y tú también merecías algo distinto.

Y lo siento si te decepcioné; si alguna vez te prometí una vida entera a tu lado. Sé que lo hice muchas veces, más que tú. Esas promesas las hizo una persona que ya no soy. Nunca aceptes promesas eternas porque las personas cambian a cada instante.

Me gustaría poder ayudarte, pero eso es algo que tienes que solucionar tú. Realmente, no sé qué pinto hablando contigo después de tanto tiempo. Esto no tiene ningún sentido y, la verdad, no creo que nos haga bien a ninguno de los dos. Posiblemente ya tengas lo que has venido buscando: pensar que tú eres el único que de verdad sentía la relación y que yo nunca te he querido. Si es eso lo que quieres pensar, si eso te ayuda, adelante.

Como te he repetido bastantes veces: a mí ya me da igual.

VIII

Es curioso esto del amor, de las atracciones; de los sentimientos. Puede que no sea más que una especie de droga. El amor tiene esa capacidad de crear otra realidad más brillante y florida, pero también de sumirte en la mayor de las tristezas.

Quizás soy adicto. Puede que crea que es algo que necesito pero se trata sólo de una adicción. O de su variante psicológica. Una obsesión, sólo es eso. ¿Qué es querer? La verdad es que ni lo sé. Si describiera mis sentimientos hacia una persona a la que creo que quiero cambiando su nombre por una mesa, ese sentimiento no dejaría de ser una muy extraña obsesión.

No sé qué es el amor. De hecho, nadie lo sabe. No sé lo que sienten el resto de las personas. No sé si lo mío es igual o es algo anormal. Nadie lo puede saber. No deja de ser un condicionamiento. Para estar feliz hay que estar enamorado, así que buscamos un sentimiento que supla la falta del enamoramiento.

Dicen que el amor es algo desinteresado, pero las personas somos biológicamente egoístas. Sabemos que si a nuestra pareja le va bien, a nosotros nos va a ir bien. Pero si le va demasiado bien, nos empezamos a sentir mal. Nadie hace nada por nadie que no sea sí mismo. El altruismo no es más que la necesidad egoísta de realizarse a sí mismo a través de los demás. Nadie da si no recibe. Por lo que si el amor es algo sincero, puro y desinteresado, el amor es inhumano.

Y digo todo esto. Lo digo y lo repito. Y jamás podré creerlo. No puedo creer en la vida sin ese sentimiento. Jamás he encontrado a una persona completa por sí misma, que no necesite a nadie a su lado. Nunca he creído en el éxito si no hay nadie con quien compartirlo. En la vida me he sentido más vivo que cuando he sentido eso que yo creo que es estar enamorado. Es imposible pensar en un momento más feliz que cuando he tenido a la persona a la que quiero entre mis brazos.

Y si esto es algo ilógico, pues soy ilógico. Si esto no es sano, pues de algo hay que morir. No tengo ningún miedo. No tengo miedo a mis sentimientos, ni al pasado ni al presente ni al futuro. No les temo porque, si acumulo fracasos, caerse es el primer paso para levantarse. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero lo que se olvidan de decir es que también es el único que disfruta más levantándose que manteniéndose erguido.

Y me acuerdo de ti. Me acuerdo de ti porque te quise, y porque todavía te sigo queriendo. Como sigo queriendo a todas aquellas que pasaron por mi vida y que hicieron de mi camino el mejor lugar en el que podría estar. Y si te hablo es para contarte todo esto. Decirte todo lo que no me dejaste decir en su momento. Explicarte que aunque te fueras yo seguiría a tu lado y tú al mío.  Decirte que, a pesar de tu marcha, te seguiría queriendo. Pero no me dejaste, y el dolor al pensar que puedas creer que te he olvidado me oprime cada día. Y te hablo y, a pesar de no saber qué es de ti desde hace tanto, todavía hoy siento que me contestas y que me señalas, como solías hacer, todas mis contradicciones.

Aunque tú no lo sepas, me acompañarás siempre. Bueno, ‘siempre’ es una palabra muy fea; mejor decir: vida y muerte de las estrellas.

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