20 mejores películas sin el Oscar | Gran Imaginador

La La Land es una de las mejores películas de la historia del cine y, sin embargo, no tiene el Oscar a esa categoría

Las mejores películas, según el jurado de los Oscar, no siempre se corresponden con el veredicto de los espectadores. Es natural que siempre haya discrepancias. Lo que no es natural, sin embargo, es que en 1998 Shakespeare in Love ganara siete estatuillas frente a American History X, que no se hizo con ninguna. Es hora de reconocerlo: la Academia toma decisiones arbitrarias.

La década de los noventa fue especialmente difícil para el cine. Del mismo modo que los Back Street Boys y las Spice Girls estaban de moda, las comedias románticas comenzaron a extenderse como el ébola y se produjeron aquellos telefilmes que amenizan las tardes de domingo en Antena 3. En aquella gran confusión, los críticos atravesaron serias dificultades para decidir cuáles eran las mejores películas, lo cual justifica en cierto modo sus errores.

Asimismo, muchas de las mejores películas sufrieron boicots, no fueron nominadas a la gala de los Oscar o eran demasiado rompedoras como para cautivar a los críticos más simples, esos mismos que luego votan a las cintas protagonizadas por los hermanos Fiennes. A continuación, repasamos en orden cronológico una lista subjetiva de cuáles debieron ser las verdaderas ganadoras del Oscar a Mejor película.

2017. La La Land

La La Land lo tenía todo para convertirse en la ganadora de los Oscar, parecía una película rodada ad hoc para conseguirlo. Apostó por los musicales, un género que lo conquistaba todo en los sesenta pero que hoy día ha quedado demodé, y supo llevar al formato de nuevo a su máximo esplendor. De hecho, cuando Faye Dunaway anunció el filme como gran vencedor de la gala nadie se mostró sorprendido. Sin embargo, Jordan Horowitz le dio a su equipo una lección de honestidad al advertir al público de que Moonlight era la vencedora real de la noche. ¿Hacía la cinta de Barry Jenkins méritos para destronar a este musical? Seguramente. ¿Merecía el reparto de La La Land atravesar tal montaña rusa de emociones? Definitivamente no.

2013. Her

Her es una de las mejores películas de lo que llevamos de década. En ella un Joaquin Phoenix renacido de sus cenizas se enamora perdidamente de una seductora Scarlett Johansson que habita en su Smartphone. La cinta de Spike Jonze mezcla lo mejor de su trayectoria en el mundo de la música con la ciencia ficción y lo condensa en una comedia romántica a medio camino entre la distopía y el videoclip. En 12 años de esclavitud, en cambio, el único modo que propone el director para identificarnos con Solomon Northup es fustigarlo.

2012. Moonrise Kingdom

Argo es una clara muestra de cómo la Academia de los Oscar siente debilidad por la propaganda americana para elegir sus mejores películas. Sin embargo, para alguien que no sienta las barras y estrellas, es imposible empatizar con la cinta. En Argo los villanos son estúpidos, los protagonistas son irrelevantes y el suspense llega de la mano de un montaje tramposo. Todo lo contrario a Moonrise Kingdom, donde Wes Anderson le da mil vueltas a un novel Ben Affleck al tiempo que combina un desternillante guión con una fotografía milimétrica y un reparto de excepción.

2003. Big Fish

Los fans de El Señor de los Anillos siempre lo han sido a lo grande. Ahora bien, comprenderán que no todos los espectadores tienen por qué contagiarse de su entusiasmo ante una película falta de ritmo. Es algo de lo que siempre ha pecado Peter Jackson: de trocear, alargar, añadir y quitar. Quizá Big Fish tampoco posea una narración demasiado ágil pero, sin abusar de las criaturas fantásticas, construye un universo mucho más imaginativo.

2000. Memento

Muchos fueron los aficionados al cine que creyeron descubrir China al visionar Origen. No obstante, esta tercera cinta de Christopher Nolan construyó una historia más humana con menos florituras innecesarias y narrativamente irrelevantes. Origen es una película de tiros barnizada con algo de epistemología, al igual que En tierra hostil, solo que esta última ni siquiera menciona el mundo de los sueños.

1998. American History X

Puede que 1998 fuera el año más injusto de la historia de los Oscar. ¿Shakespeare in Love? ¿En serio?  ¿Es que acaso estamos jugando a ser dioses? Poco hay que comentar sobre las siete estatuillas con las que se hizo esta mediocre adaptación de la vida de Shakespeare y que, para colmo, se impuso sobre American History X, una durísima historia sobre el racismo, la intolerancia y el racismo en la que Edward Norton se salía por los cuatro costados.

1996. Fargo

Dos años antes del tongo de Shakespeare in Love la Academia tomó una decisión parecida. Ralph Fiennes, y no su hermano John, protagonizó aquel año una cinta romántica que se impuso sobre otra más ágil, irreverente y perturbadora. Los hermanos Coen se quedaron con las ganas del Oscar. Eso sí, el tiempo les dio la razón. ¿O acaso existe una serie de éxito sobre Shakespeare como sí la hay sobre Fargo?

1993. El piano

El piano supo llevar a la gran pantalla el erotismo de una forma realmente sugerente y no como los telefilmes de Antena 3. Por eso es una de las mejores películas, no como La lista de Schindler: el biopic sobre un nazi y la explotación laboral de sus fábricas que emocionó a Steven Spielberg. La cinta cuenta con varios elementos tramposos para convertir en virtuoso al monstruo: fotografía en blanco y negro, música extradiegética y una historia centrada en la Segunda Guerra Mundial. Nada nuevo bajo el sol.

1982. Blade Runner

Permitidme insistir en que los biopics pertenecen a un género sobredimensionado. En Gandhi, como en tantos otros, los personajes emocionan no por cómo están construidos sino por su fama previa al estreno de la película. Quizá Blade Runner tampoco cuente con un guión original, pues al fin y al cabo adapta la obra de Philip K. Dick ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’, pero cada uno de sus planos encierra mucha más simbología.

1976. Network

Rocky es una fantasía de poder masculina, una historia de superación física y una épica lucha contra la adversidad. Todo ello dota de un gran valor a la obra de Sylvester Stallone, pero no obstante Network es una cinta con mucho más derecho a consagrarse como una de las mejores películas por su audaz reflexión sobre los medios de comunicación, su poder profético y su afilado sentido del humor al convertir los informativos en espectáculos circenses.

1971. La naranja mecánica

La naranja mecánica ha pasado a la posteridad al mismo tiempo que Contra el imperio de la droga ha caído en el olvido. ¿Es casualidad? Me temo que no, no hay comparación posible entre una escalofriante reflexión sobre la libertad y una aburrida película de tiros. Stanley Kubrick hizo que Beethoven volviera a molar, algo solo al alcance de las mejores películas.

1968. El planeta de los simios

Oliver! tiene algo especial, en ella aparece un jovencísimo Daniel Craig. Sin embargo, El planeta de los simios ha pasado a la posteridad por su desconsolada imagen al descubrir (se acerca un spoiler) que los monos viven en su mismo planeta. Aquella fue una escena que convirtió en una de las mejores películas al filme protagonizado por Charlton Heston antes de que coqueteara con la Asociación Nacional del Rifle.

1964. Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?

Es la segunda vez que Stanley Kubrick aparece en esta clasificación, pero no es de extrañar que el autor de varias de las mejores películas de la historia del cine repita. El mismo año que una emocionante pero convencional My Fair Lady acaparaba todos los aplausos, la sátira política de Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú? lanzaba una profunda reflexión sobre el clima de miedo en la Guerra Fría. Y dura la mitad.

1958. Vértigo

Los años le han dado la razón a Alfred Hitchcock y han consagrado a Vértigo como una de las mejores películas de la historia del cine. No así Gigi, otro colorido musical protagonizado por una Leslie Caron que recuerda a cada instante a Marisol. A veces los jurados dan estas sorpresas, la vida es una tómbola.

1957. 12 hombres sin piedad

En la vida hay que tomar decisiones. Uno puede optar por las películas bélicas llenas de explosiones o inclinarse por dramas más tensos. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre El puente sobre el río Kwai y 12 hombres sin piedad: la primera es una película para abuelos y la otra reúne en la misma sala durante hora y cuarto a un reparto de excepción sin perder nunca el ritmo.

1944. Perdición

En plena Segunda Guerra Mundial es comprensible que la Academia optara por una amable película de evasión protagonizada por un sacerdote. Siguiendo mi camino recuerda a lamentables producciones como El padre Manolo encarnado por Manolo Escobar y al ¡Ay, Señor, Señor! protagonizado por Andrés Pajares. Algo de lo que nunca podremos acusar a Perdición, siempre hay mejores películas y peores.

1942. Ser o no ser

La Segunda Guerra Mundial era un periodo maravilloso para reírse de los nazis. Si Los Productores pudieron en 1967, ¿por qué no aprovechar el conflicto para galardonar a Ser o no ser? Habría sido un ejercicio magnífico de propaganda y se trata de una de las mejores películas cómicas de todos los tiempos. Sin embargo, en tiempos de guerra el público demanda paz y siempre acaban triunfando películas familiares como La señora Miniver.

1941. Ciudadano Kane

Sin quitarle méritos a ¡Que verde era mi valle!, en pocas cabezas cabe no darle la estatuilla a la que encabeza cualquier lista de mejores películas: Ciudadano Kane. Claro que, bastó con que esa idea no le rondara a William Randolph Hearst para que Orson Welles no viera premiada su película como realmente merecía. Incomodar al poder es a veces peligroso.

1939. La diligencia

Bien es cierto Lo que el viento se llevó supuso toda una revolución en la forma de hacer cine, pero eso no le quita ningún mérito a La diligencia. Al igual que en otras de las mejores películas como 12 hombres sin piedad, John Ford supo cuál era la mezcla perfecta de personajes para tenernos absortos frente a la pantalla. Algo muy lejos de las historias de amor, lujos y celos que teóricamente nos deberían emocionar pero siempre nos resultan lejanas.

1936. Tiempos modernos

En 1936, El gran Ziegfeld se hizo con los Oscar a Mejor película, Mejor actriz y Mejor coreografía. Sin embargo, el tiempo ha acabado consolidando a Tiempos modernos como una de las mejores películas y, para decir verdad, esta comedia muda puede ser mucho más cruda y real que los musicales de mediados del siglo XX.

¿Cuál de estos filmes debería haber recibido el Oscar a la Mejor película?

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