Personas VIII

Personas VIII

“Los actores ofrecemos una expresión personal del mundo a través de un acto de amor hacia el mismo”

 

El trabajo del actor consiste en entregar su energía al mundo con el fin de empapar con ella los cuerpos de otros seres humanos. El origen de esta energía personal se remonta a nuestro nacimiento, cuando no éramos más que animalillos ajenos a cualquier valor social y sujetos al único momento conocido: el ahora. Entonces, guiados por la luz de la alegría y la obscuridad de la tristeza experimentábamos por primera vez el amor, la sensación más potente que puede sentir y expresar el ser humano. Este sentimiento, en sus más tiernos comienzos, estaba directamente vinculado con la pureza, la entrega y la bondad; todas ellas nutridas de la más sincera energía positiva.

A medida que fuimos creciendo se presentó ante nosotros un abanico más complejo de sentimientos y emociones, estrechamente relacionado con la sociedad y sus formas de comportamiento. La bondad y el amor incondicional se convirtieron en debilidades que no hacían sino exponernos al sufrimiento. Fue entonces cuando comenzó a desarrollarse, adquiriendo un sentido y un resultado en pos de la supervivencia, cierta energía negativa, asumiendo ésta el contrapunto en la balanza del ser humano social. Miedo. Buscando protección en un entorno crecientemente hostil, cerramos puertas que antes estaban abiertas y, tristemente, nos confinamos en nuestro interior. Los años marcharon y terminamos olvidando la pureza del primer amor.

En este punto es importante revisar un enunciado: la tendencia natural de lo positivo es sumar, mientras que la tendencia natural de lo negativo es restar. Consecuentemente, la tendencia negativa limita la expresión artística.

 

Los actores tenemos la suerte de dedicar nuestra vida al estudio y cuidado de nuestra persona. Se nos brinda la maravillosa oportunidad de regresar al origen para, una vez allí, volver a conectar con nuestra semi-olvidada energía positiva. Primero nos presentamos y paso a paso nos vamos reconociendo en un proceso que abarca toda una vida. Reencontrarnos con nuestra esencia positiva, vinculada a la pureza, la entrega y la bondad, nos acerca progresivamente a la felicidad, proveyéndonos con cada vez más libertad. Es entonces cuando podemos empezar a trabajar.

Y trabajamos para ofrecer nuestra alegría, tristeza, dolor y placer desde este amor. Entregamos nuestra verdad desde la bondad de quien sabe que tanto la risa como el llanto pueden gestionarse a través de una energía positiva que siempre sume y desde la intencionalidad de querer compartir toda esta felicidad con el resto de seres humanos. En definitiva, y sintiéndome felizmente orgulloso de escribirlo, trabajamos como actores para hacer de este mundo un lugar mejor.

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