Esther Ginés: "Creo que, hasta cierto punto, la obsesión es necesaria para un creador" | Gran Imaginador

IMG-20170711-WA0006

Esther Ginés presenta su segunda novela, En la noche de los cuerpos. Tras El sol de Argel, la autora ha editado con Adeshoras esta historia sobre el arte, la obsesión y las líneas que se pueden llegar a cruzar para conjugar ambos conceptos. En la noche de los cuerpos es un viaje oscuro, psicológico e intimista que se lee en un suspiro y que permite experimentar un punto de vista narrativo poco habitual, con un planteamiento moral que desafía constantemente la conciencia del lector. A propósito de la novela, hemos charlado con Esther Ginés sobre obsesiones artísticas, literatura y la distancia que puede o no tomar un autor con respecto a su obra. 

¿De dónde sale esta historia tan oscura y tan tremenda?

Esta historia surge del tema de la obsesión en el mundo de los artistas, que es algo que a mí siempre me ha llamado mucho la atención. Supongo que por observar, como lectora, el comportamiento de otros autores que me han gustado y también supongo que a raíz de mi propia experiencia, con las cosas que a mí me gustan para escribir y las cosas que al final me acaban marcando y me acaban obsesionando. Elegí el mundo del arte porque lo quería separar de la literatura. La literatura me parece un ejercicio más solitario, pero en la pintura casi siempre hay un otro, por lo menos cuando los pintores optan por el retrato. Siempre tienen a alguien enfrente, y me parecía que encajaba mucho mejor ese tema de la obsesión en la creación enfocada al mundo de la pintura.

Aunque trata sobre la obsesión artística, ¿qué pesa más? ¿La parte de la obsesión o la parte del arte?

Creo que si tuviera que definir el libro con una palabra, sería obsesión. Es lo que comentábamos antes. Aunque se puede llevar a casi cualquier terreno, en esta historia a los protagonistas el arte se les va de las manos; Olivier, el pintor, con su obsesión por crear esta obra que trascienda, al final deja de hacer arte. Sin querer desvelar al lector, las cosas se van mucho y al final la historia que queda les quita a los protagonistas hasta las ganas de vivir. Solo queda esa obsesión en el sentido más negativo, depojando todo el valor que pueda tener al arte. Aunque creo que la obsesión es necesaria hasta cierto punto para un creador.

¿Tiende más a arraigarse la obsesión en una actividad artística o en una persona que se dedica al arte?

Yo pienso que sí. Es lo que siempre se ha dicho, el artista es un rarito. Yo considero que sí, que gran parte del arte se forma a través de genialidades, pero que también es un campo que está muy dado a que surjan obsesiones, porque son trabajos solitarios, como te comentaba al principio; son trabajos que no todo el mundo entiende, trabajos que a veces no te dan para vivir, con lo cual si lo haces es porque en el fondo hay algo que te mueve a querer hacer eso y a querer arriesgarlo todo para conseguirlo, incluso dejando a tu paso todo lo que encuentres. Se me hace difícil ver a un economista o a un abogado obsesionándose de esa manera. Pero en el campo de la creación parece muy habitual y, si echamos un vistazo a la historia, es que tenemos muchos nombres de artistas que han llegado a estar verdaderamente marcados por algo así.

También hay mucho workaholic entre economistas y abogados.

Sí, eso sí. Una cosa es, quizá, obsesión por el trabajo en sí, pero la parte del fantasma, la parte de cargar con historias o de meter a una tercera persona y convertirla en algo que no está llamada a ser sí que lo veo más en el terreno artístico. Pero sí es cierto que hay otros sectores en los que la obsesión por el trabajo afecta mucho, y lo vivimos en estos días.

En la novela es importante la referencia a Ofelia, el cuadro de John Everett Millais, y también a la modelo que posó en ese cuadro, Elizabeth Siddal. ¿Fue algo que tú querías meter en el libro desde antes o investigaste para que se adaptara a la historia que necesitabas?

No, yo quería meter esta historia en el libro, porque a mí siempre me ha gustado mucho. Hace bastantes años que supe de ella, a raíz de que me gustan mucho Hamlet y los prerrafaelitas, y este cuadro siempre me había fascinado. La historia que hay detrás da casi para una novela, porque parece ficción. En aquella época, Millais llegó a obsesionarse totalmente con recrear de la manera más naturalista posible la escena y claro, aparte de hacer los exteriores e inspirarse en la naturaleza, no podía dejar flotando a su musa en un río como a Ofelia, entonces lo que hizo fue meter a Elizabeth Siddal en  una bañera en su estudio durante una jornada entera. Calentaba el agua con velas, pero con esas velas el agua se enfriaba con mucha facilidad. Ella no se quejó y llegó a coger una neumonía que mermó mucho su nivel de salud y le trajo muchos problemas. A mí esa historia de obsesión, la que tiene Ofelia por Hamlet, que la lleve al arte este pintor y le quede algo tan fascinante me parecía que encajaba muy bien en la novela. Entonces, yo sabía desde el principio que ese cuadro tenía que tener un peso bastante grande.

¿Hasta qué punto justifica el arte lo que se hace por él?

Es una pregunta muy buena que me gusta lanzarle al lector. Yo tengo mis dudas. Para eso precisamente está el personaje de Cecilia. Es víctima y verdugo, las dos cosas, porque hasta cierto punto ella justifica esta manera de hacer las cosas para llegar a ese fin tan duro. Por supuesto, desde fuera, viendo la historia y si eres una persona mínimamente cabal, nada puede justificar el llegar a un punto como el que llegan los protagonistas de esta historia. Algo tan drástico por una obra que está llamada a, ¿qué? Incluso en el caso de un pintor consolidado como Millais, ¿merecería la pena llegar a algo así?

Es que la moral de Cecilia es inquietante, porque en ningún momento termina de censurar los comportamientos de Olivier. ¿Cómo escribes tú algo que no compartes desde un punto de vista ético?

Tienes mucha razón. Es un personaje que a mí me fascina por eso, porque siempre está siendo cuestionada por parte del lector. Yo no quería escribir ni desde el punto de vista del “malo” ni de la “buena”, por así decirlo. Me parecía que los grises es donde mejor se puede contar esta historia, y Cecilia es un personaje en ese sentido totalmente gris, porque tiene las dos partes: es muy culpable, pero también es víctima. El lector lo va viendo a lo largo del libro, que al final en esta historia ambas mujeres son víctimas, pero hay una parte muy grande de Cecilia que consiente, que asiste y que es un pilar fundamental. Si ella no ayuda de esa manera a Olivier, esta historia se hubiera desmoronado desde un principio. Yo me lo planteé al comienzo como un punto de vista más arriesgado. Intento no pensar en el lector cuando escribo. Intento pensar en él cuando me planteo la historia, pero nunca puedes escribir pensando en qué lector te va a leer. Pero sí es cierto que es una perspectiva arriesgada, porque habría sido más fácil contar la historia desde el punto de vista de alguien que te permite jugar con todo lo sucio que hay en ella, como es Olivier; o desde el punto de vista de la persona que asiste pasivamente a lo que ocurre, Laia. Pero a mí me gusta eso, generar dudas. Y el tema moral es algo que me fascina, meterte en la piel de alguien que llega a vivir algo tan extremo me parecía a nivel narrativo algo muy interesante.

¿No piensas cuando escribes, no quizá en el lector, pero sí en un lector en concreto?

Yo creo que cuando escribimos todos nos imaginamos a nosotros mismos proyectados como lector. Al fin y al cabo, si yo tuviera que definirme de alguna manera, soy lectora. Estoy empezando en esto, me da mucho vértigo ser considerada “autora”, creo que me queda todavía mucho. Entonces, me sigo viendo como esa lectora que se atreve a ir al otro lado a probar suerte. Al final, escribes las historias que a ti te gusta leer. Supongo que este tipo de novela de corte tan psicológico, que te hace plantearte cosas, y las voces intimistas son las que a mí me gusta buscar cuando leo. Entonces, creo que el primer lector al que voy buscando un poco soy yo misma. También a raíz de eso aprendes a comprenderte y a indagar en ti mismo, que es lo que todo escritor hace con la literatura. Es una expedición al interior de uno mismo.

¿Esta sumisión de Cecilia ante un hombre terrible es algo que ocurre también en nuestra sociedad?

Sí. Vivimos en una sociedad en la que la mujer (no voluntariamente, porque las cosas han cambiado mucho) todavía está en una situación complicada. Yo no diría de sumisión, pero sí que nos queda mucho camino por recorrer, porque las cosas no están tan avanzadas. Por ejemplo, en las nuevas generaciones hay mucho machismo, mucha violencia de género, hay un control muy grande de la pareja debido al uso que se hace de la tecnología. En cada momento podemos estar controlando qué hace nuestra pareja. Hay psicólogos que dicen que en las nuevas generaciones gran parte de las chicas están de acuerdo con esa especie de sumisión. No hay que olvidar, quedan muchas cosas por hacer y hay desigualdad en muchos campos, incluso en el campo laboral. Y lo llevo incluso al tema de la cultura, donde todavía cuesta mucho cuando eres mujer destacar y que decidan mirar tu trabajo como se miraría el de un hombre. Aunque pienso en la historia de la hermandad prerrafaelita, en ese momento, y sí que había un desequilibrio increíble que, afortunadamente, lo ves con distancia y piensas: “Qué suerte no haber estado en esa época”. La mujer era un objeto, un pájaro enjaulado.

No me refería tanto a cuestiones de género globales, sino a relaciones particulares. Relaciones en las que se ve que hay un miembro de la pareja que está sometido totalmente al otro.

Sí, las relaciones tóxicas. Creo que hoy en día hay muchos problemas por este tipo de relaciones tóxicas. El gran mal es que no sabemos verlas hasta que no estamos muy metidos en ellas. Muchos psicólogos lo cuentan en artículos, cómo puede haber una parte de poder de uno sobre el otro y en ese caso, claro, una relación nunca es limpia. Nunca puede llegar a ser algo natural, como ocurre en este libro. Sí que creo que en ese sentido es un reflejo de muchas relaciones tóxicas que a veces incluso derivan en malos tratos, que no tienen por qué ser físicos, sino psicológicos. Simplemente, anular a la otra persona, como podemos ver en la novela, es un maltrato increíble que va a dejar huella. Por desgracia, es más difícil que se vea porque no deja huella física, y a veces se pasa por alto.

¿Cómo ves el panorama editorial? ¿Se puede editar una novela y tener unas mínimas esperanzas de éxito?

Me temo que ahí soy un poco negativa. Lo veo muy complicado. Sigo pensando que se edita mucho en España para lo poco que se lee. Cuando tú intentas contactar con un editor o un agente literario, un intermediario, todos te dicen que están saturados, publican más de lo que pueden, y después seguimos con unas tasas de lectura mínimas. Los últimos datos decían que las familias españolas destinan unos cincuenta euros al año a comprar libros, sin incluir material educativo, con lo cual piensas…

Dos libros al año.

Sí. La posibilidad de que seas uno de esos… Y ya no solo eso. Las pocas inversiones que hay en las bibliotecas, cómo está todo a nivel cultural. Por una parte, hay editoriales pequeñas que han surgido en estos años, editoriales muy valientes que apuestan por jóvenes autores, pero lo tienen que hacer como ocurre con la mía, con tiradas muy breves, sabiendo que cuesta mucho llegar a los medios. Es prácticamente imposible llegar si no tienes una editorial que tenga una mínima reputación, o una trayectoria. Lo veo complicado, pero también veo que hay gente que decide no resignarse y opta por la autoedición y ahora veo también que las editoriales se han abierto a eso. Hace unos años, si tú te autoeditabas una editorial no quería volver a saber de ti, pero ahora tenemos casos como el de Laura Ferrero con un libro que se llama Piscinas vacías. Lo autoeditó, Alfaguara se fijó en él porque vendía muchísimo y al final lo sacó en papel y está teniendo un éxito increíble. Soy negativa, pero sí creo que hay que pelearlo, porque hay un resquicio. Y si no, está la vía de optar por pequeñas editoriales, aunque llegues a un público menor. Has sacado tu libro y no sabes a dónde puede llegar.

¿Pero realmente se lee tan poco con respecto a décadas anteriores? ¿Ha bajado tanto el nivel o es que no hemos leído nunca?

Yo creo que somos un país en el que leemos pocos, y los que leemos, leemos mucho. Es verdad que ahora con las redes sociales estamos muy informados y parece que estamos todo el día leyendo con los titulares de Twitter, los periódicos digitales… Tenemos acceso a mucha información y, en cierta medida, sí leemos mucho. Pero en cuanto a literatura vivimos un momento en el que la gente tiene tantas opciones que no se decide a ponerse. La literatura también exige un esfuerzo que mucha gente, y esto me llama la atención, compensa con las series. Me parece que es un campo muy interesante y hay series increíbles, pero creo que las series quitan un espacio que antes mucha gente dedicaba a los libros. Por poner un ejemplo, El cuento de la criada. Es un libro que me parece maravilloso, y la serie también, pero ves que el tirón de la serie siempre va a superarlo con creces.

Lo audiovisual es más fácil. Exige menos esfuerzo. Aunque también depende qué novela leas. Hay novelas que no exigen un esfuerzo especial.

Hay mucho lector de best-seller, que es totalmente respetable, porque al fin y al cabo estás leyendo. Sería estupendo que todo aportara cosas a nuestra vida, pero hay veces en las que simplemente quieres pasar un buen rato con un libro que te entretenga. Lo vemos en las vacaciones, cuando te fijas en lo que está leyendo la gente en la playa. La mayoría lee la típica novela policíaca con la que evadirse, que tampoco está mal. Pero creo que la lectura se fomenta poco, incluso en los niños. No somos un país al que le preocupe mucho lo que se lea, excepto la estadística. Cuando sale la estadística nos echamos las manos a la cabeza, pero luego se olvida. No veo además a nuestros políticos preocupados por eso.

Es que ya no es cuestión de política, es una cuestión familiar. Si los padres no invierten tiempo en enseñar a su hijo a que le guste la lectura y lo enchufan a una tablet, no puedes pretender que luego lea.

Sí, totalmente, y eso podríamos llevarlo a un debate muy interesante que es la falta de tiempo de los padres actuales para dedicarles a sus hijos. Si al final del día ves a tu hijo dos horas, ¿tienes tiempo en esas dos horas para inculcarle esos hábitos? Es un reflejo de cómo va la sociedad, de las prisas que llevamos para todo. La lectura es todo lo opuesto a eso.

Pues ya que te declaras lectora, ¿qué lees? ¿Cuáles son las influencias que reconoces en En la noche de los cuerpos?

Así como en la anterior era muy evidente el peso literario de las cosas que te han influido, y estaba por ahí la sombra de Camus, en esta influencias directas… Como se va al mundo del arte, me cuesta pensar en un autor al que haya tenido en mente. Creo que sí hay una presencia muy importante de la poesía en el libro, desde el título de Alejandra Pizarnik, que es un verso de un poema suyo, una suerte de flechazo. Hay presencia de autores que sobrevuelan por la obra. Tenemos Lorca, tenemos versos de Cernuda que acompañan mucho a los protagonistas.

¿Qué autores te gustan a ti?

¿Cómo hacer esto breve? Me gusta leer de todo. Me ha gustado mucho la literatura latinoamericana. Onetti, Cortázar, Borges, García Márquez, Vargas Llosa… Por Onetti llegué a Faulkner, que suele ser al revés. El boom latinoamericano bebe mucho de él, así que te tienes que ir a él. Me gusta mucho Philip Roth, me gusta mucho la generación nuestra de los años 50: Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Sánchez Ferlosio… También te diría, como pilar, que me gusta mucho la obra de Albert Camus, que está muy presente en El sol de Argel, como te decía. La poesía también me gusta mucho y siempre todo lo que escribo tiene un poso, pero en tema de narrativa intento leer de todo. No me cierro a ningún autor, no soy de los que dicen que no les gusta una época determinada, como suele ocurrir con muchas épocas de la literatura española. Siempre si rebuscas encuentras autores interesantes.

En la noche de los cuerpos  es tu segunda novela. ¿Cómo ves la diferencia entre una y otra? ¿Te ves evolucionando?

Yo no me releo nunca. Corrijo hasta la saciedad, pero una vez que pongo el punto final no lo leo del tirón. No soy capaz. Y cuando sale publicado, menos todavía. Siempre tengo el vértigo de qué habré dejado escrito. No soy buena para ello. Pero sí soy consciente de que, a nivel personal, los años que han pasado entre un libro y otro han sido complicados. Incluso diría que malos. Y de lo malo se aprende. Lo bueno lo atesoramos, lo metemos en la memoria y está genial para sobrevivir y para tirar hacia adelante, pero se aprende de las cosas malas. También he tenido una evolución en cuanto a los temas que me interesa narrar. La gente que me ha leído de un libro a otro me lo ha dicho mucho, que notan una narradora más madura. Para mí eso es algo, muy positivo, porque el libro puede ser mejor o peor, bueno o malo, pero si hay una evolución en tu capacidad de narrar es que estás haciendo bien las cosas. En ese sentido, sí puedo decirte que estoy satisfecha. Sí me parece que con esa primera novela lo más elogioso que me decían era que se trataba de una novela muy madura para alguien de treinta años. Además, es un libro que empecé mucho antes. Lo publiqué con treinta, pero lo empecé de muy joven, lo tuve parado, volví a él… Entonces, sí me parece que me muevo por un camino de historias que me dicen que son muy maduras para la edad que tenemos. Eso es cliché también, parece que los jóvenes tenemos que estar haciendo otras historias. Supongo que por los temas que elijo. Los temas de los dos libros son muy distintos, pero tienen en común situaciones límite. En el primero parto de algo muy dramático, como es un suicidio, aunque luego el tema se quede algo más desdibujado. En este parto de algo muy duro, como es una persona que toma la decisión de secuestrar a otra, ir adelante con esa decisión y, encima, en compañía. Sí que creo que hay una evolución de una a otra.

¿A dónde quieres llegar escribiendo?

A mí me gustaría seguir creciendo, claro. No me he marcado ningún objetivo, porque creo que en la vida lo peor que puedes hacer es marcarte objetivos que no dependen de ti. De mí depende, empezar otro nuevo libro, terminarlo, pero no depende de mí publicarlo o encontrarme con los lectores porque siempre necesitas un editor. Lógicamente, me gustaría que el siguiente libro fuera mejor todavía, que fuera un desafío y que siguiera habiendo este crecimiento, que espero que lo haya habido de uno a otro. Y, sobre todo, algo que me obsesiona mucho, que no me ocurra ese efecto Rulfo. Claro, firmaría, por supuesto, por tener el efecto Rulfo si consiguiera una obra como El llano en llamas.

El síndrome Laforet.

Sí, también. Qué maravillosas novelas. Ves, es otra autora fundamental para mí. Nada es un libro que todos deberían leer. Pero sí pienso a veces: “¿Y si después de este libro no surge nada? ¿Y si no se me ocurre nada?”. Supongo que tampoco pasaría más, se puede seguir en contacto con la literatura a través de otros modos. Pero hablando de obsesiones, esa idea me obsesiona mucho.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR