Ediciones Endymion publicará un "Decálogo del buen beber y del buen leer", entre otras aportaciones del Curso de Verano "Vino, letras y un par de besos callados" | Gran Imaginador

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Veinte filólogos, filósofos y escritores unieron sus voces la tercera semana de julio en los Cursos de Verano de El Escorial en defensa del maridaje entre las letras y el vino, y con el apoyo de la Cátedra de Español de la Universidad de La Rioja. Ahora, Ediciones Endymion, será la encargada de publicar un volumen con las aportaciones de estos expertos y que incluye un decálogo y un diccionario del buen beber junto a los vinos adecuados para cada lectura.

La tercera semana de julio se celebró el curso “Vino, letras y ‘un par de besos callados’: el viñedo en el paraíso” en el último tramo de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial, que contó con más de veinte ponentes y el apoyo de la Cátedra de Español de la Universidad de la Rioja y una cata y degustación por parte de la Fundación para la Cultura del Vino y la vinoteca Xelavid. Endiciones Endymion se hará cargo de la edición de las intervenciones en un solo volumen que presentará en primavera de 2018, en una gran fiesta.

El curso, organizado por el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, David Felipe Arranz, contó con catas, opiniones y maridajes entre el vino, la literatura y el cine de la mano de Juan Antonio Martínez Berbel, Luis Gómez Canseco, Jorge Eduardo Benavides, Marta Sanz, José Ramón Trujillo, Luis Miguel Rodríguez, Alberto Guerra Obispo, Miguel Ángel del Arco, Alberto Pertejo, Jimena Mazucco, Alicia Estrada, Joaquín Leguina, Antonio Orejudo, Patricia González Aldea, Esther Ginés, Luis Freijo y J. Ignacio Díez Fernández, entre otros.

“Elegir las copas idóneas, los vinos adecuados y la temperatura óptima para cada ocasión tiene mucho que ver con la lectura e incluso con la socialización: saber escoger y encontrar sin dificultades el vino, el libro o la compañía apropiada mejora, sin duda, la calidad de nuestra vida”, indica Arranz, “algo que normalmente obviamos, aunque se trate de una cuestión casi diría que ética y estética”. Así, los participantes han destacado la necesidad de que el vino vuelva a formar parte de nuestra cultura, especialmente de los más jóvenes, para que sepan distinguir las distintas clases de uvas, las denominaciones de origen o las añadas.

“El vino formaba parte de la cotidianidad del Siglo de Oro”, “El Lazarillo es un canto de amor al vino” o “la embriaguez para una tradición literaria es traspasar los límites y volver de donde nadie se ha atrevido a ir” son algunas de las afirmaciones que han hecho a lo largo de una semana los ponentes, en especial Luis Gómez Canseco. Desde los monasterios de la Alta Edad Media y su tradición viticultora, la poesía de Espronceda y Victor Hugo a Caballero Bonald, Claudio Rodríguez o Carlos Barral, la literatura universal ha tenido muy presente al vino como protagonista de sus textos. Después Jimena Mazucco y Alberto Pertejo analizaron desde un punto de vista filosófico el “tiempo detenido” que se asocia al vino e incluso cómo “cada botella lleva siglos de nuestra cultura dentro”. Alicia Estrada fue un paso más allá: para la filóloga y escritora el vino es un amigo; hay “sexy wines” y vinos del llano, más terapéuticos, “para las heridas de la vida sencilla” porque “se bebe para recordar y para soñar, no para olvidar”.

Incluso se llegó a enunciar la carta de vinos de Cervantes en El licenciado Vidriera y el “vino del diablo” o “kill-devil” de Pedro de Urdemalas, se reivindicó la pasión de Shakespeare por el vino canario de Santa Cruz de La Palma, la estrecha relación de Lord Byron y el jerez, y la relación de nuestros vinos con la literatura hispanoamericana, en la que destaca el nombre de Julio Ramón Ribeyro, como un gran catador de vinos, a decir de Jorge Eduardo Benavides: “fue el Marqués de Caravantes quien llevó la primera cepa al valle del Cuzco”, señaló el escritor. En ese sentido, para Benavides “toda la antigüedad clásica es un inmenso viñedo al amparo de los dioses”.

El binomio vino y escritura es fundamental para Antonio Orejudo –“una ficción nos puede embriagar y trastornarnos al igual que un vino”, aseguró–, el contexto tabernario de la bohemia europea fue decisivo para Miguel Angel del Arco, las distintas denominaciones de origen a través de la historia marcaron la idiosincrasia y las señas de identidad nacionales según Alberto Guerra y los límites de la moral con respecto a los placeres moderados del beber marcan la diferencia, para J. Ignacio Díez, quien hizo hincapié en la edad burguesa como punto de inflexión en ese cambio cultural sobre el vino. Además, se abrieron debates en torno a conceptos muy vinculados al vino como la “solaridad”, el entusiasmo, el carácter hiperestésico vinculado a los momentos de la creación literaria o el proceso de “mcdonaldización” que ha hecho perder el gusto por los frutos de nuestra tierra, según José Ramón Trujillo y Marta Sanz, que reivindicó el alcoholismo lúcido del detective. Así, Luis Miguel Rodríguez hizo notar que el vino como cultura se está estudiando académicamente en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, algo que aún no se ha empezado a hacer en España. Por su parte, Joaquín Leguina habló de su novela El rescoldo y de cómo en esta trama “un vino podía ser estructurado y redondo con un aroma fresco y vibrante” en la vida de un trío amoroso cuyos miembros “bebieron sin medida ni clemencia”.

Por su parte Luis Freijo y Esther Ginés, que presentó su novela En la noche de los cuerpos, hablaron de la gran belleza plástica del vino en el cine, en títulos como Esta tierra es mía, El secreto de Santa Vittoria, La guerra de los vinos o Entre copas. Patricia González Aldea reivindicó el champán como seña de identidad de algunas películas de Alfred Hitchcock o la saga de James Bond.

Durante varias tardes, los alumnos pudieron disfrutar de varios maridajes de vinos y letras por cortesía de la vinoteca Xelavid y la Fundación para la Cultura del Vino que agrupa a cinco bodegas: La Rioja Alta, Herederos del Marqués de Riscal, Muga, Bodegas Terra Gauda y Vega-Sicilia.

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